El vino siempre ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia. Su consumo se conoce incluso previo a la mitología grecolatina, donde los dioses del Olimpo lo tomaban. Pero, sin duda, ésta es la más llamativa y probablemente la más próxima a nuestra cultura mediterránea.
Es imposible hablar del vino y los antiguos dioses sin hablar de Baco. Cuenta la leyenda que el conocido como dios del vino, estaba viajando a Naxia, una antigua ciudad griega de Caria. En el camino, se encontró con una pequeña planta casi enterrada por el polvo y decidió llevarla consigo. Para mantenerla a salvo, la guardó entre los huesos de un ave. Gracias a la influencia del dios, la planta creció, por lo que tuvo que buscar otro lugar donde protegerla. Esta vez eligió un hueso hueco de un león, pero la planta siguió desarrollándose. Por último, dispuso a la planta en un hueso hueco de asno y así consiguió llegar a su destino con ella a salvo.
Una vez comenzó a cultivar esa planta hasta el momento desconocida, descubrió que se trataba una vid. Pasado el tiempo, aprendió sobre su cultivo y las utilidades de aquellos pequeños frutos, entre ellas, la de hacer vino. Baco promulgó sus conocimientos entre los humanos, recordándoles el recorrido que la planta había soportado hasta llegar a ser explotada. Ese recorrido guardaba relación con su consumo. Y es que, si se bebía poca cantidad de este néctar, podrían sentirse alegres y dichosos como un pájaro. Si elevaban su consumo, se volverían fieros y agresivos cual león salvaje. Y si se consumía en exceso, acabarían comportándose cual asno, siendo el hazmerreír de los allí presentes.
Sin embargo, “el caldo de los dioses” estaba diluido en agua, puesto que lo contrario se consideraba “cosa de bárbaros”. Pero la verdadera razón de la mezcla se acercaba a una cuestión más científica: el agua, por aquel entonces, no era potable en su gran mayoría. El vino posee ciertos componentes antibacterianos que permitían eliminar cualquier agente dañino que el agua pudiera contener. Además, era mezclado con varias sustancias como el azúcar de plomo o diversas resinas para endulzarlo y que obtuviera un tono más oscuro. Por ello se extendió la idea de que, para consumir el vino como los dioses, debía ser mezclado con agua. Así, el vino era consumido por personas de cualquier edad sin riesgo de intoxicación, ni de acabar “como un asno”.

